Frente al cámping hay un café-panadería con muy buena pinta donde nos tomamos un capuccino. Hoy va a ser un día largo de carretera y no sabemos muy bien dónde dormiremos. Toca bordear la península de Snaefellsjökull. El norte no resulta muy interesante, lo que no significa que no sea bonito, lo que ocurre es uno se acostumbra a un paisaje precioso. Pero lo cierto es que lo más interesante para visitar está al sur de la península. Pasamos por los pueblos Grundarfjördur y por el más pequeño aún, Rif, aunque no nos quedamos. En seguida empiezas a ver el glaciar donde puedes realizar diferentes actividades. Aunque es pequeño no deja de impresionar.
Queríamos haber parado en Saxhöll, un cráter que puedes ascender pero nos lo pasamos porque la península es más pequeña de lo que puede parecer a priori. Donde sí paramos fue en las playas de arena negra de Djúpalónssandur y de Dritvík. De la primera pasas a la segunda caminando en 5 minutos. En la primera te encuentras 5 piedras de levantamiento de distinto peso que antes eran 4 ( de 23kg, 54kg, 100kg y 154kg). Servían para medir la fuerza de los aspirantes a trabajar en el mar.
La segunda playa está cubierta de trozos de metal de un pesquero inglés que naufragó en 1948.
A las 13h realizamos un circuito por una Vatnshellir, tubo de lava de más de 30 metros de profundidad. No nos hizo falta reservar, como indica la Lonely. Nos costó 2500 ISK y resultó una visita interesante. La recomiendo.
Llegamos a Hellnar y aprovechamos para parar en Gestastofa, un moderno edificio con un café, el Primus, donde comimos una rica sopa de pescado (1900 ISK aprox.). Estaba muy rica pero un poco más abajo hay un café que da directamente al mar con una terraza que estaba llena y que tenía muy buena pinta. Fuimos hasta la cueva de Badstofa, llena de pájaros y decidimos hacer el camino que separa los pueblos Hellnar y Arnarstapi.
Es un paseo bonito aunque algo largo. Reanudamos el viaje en coche aunque al poco vimos la pista que lleva a Raudfeldsgjá, una grieta empinada por la que puedes entrar hasta donde estés dispuesto ya que hay un arroyo en el que no apetece mojarse los pies.
Pasada la península de Snaefellness ya no sabíamos muy bien hacia dónde dirigirnos. Finalmente decidimos ir hacia Akranes al parecernos de debía ser bonito (no lo era). Allí dormimos en el cámping que, aunque no era muy bonito y sí bastante pequeño, teníamos vistas al mar. Aquí tampoco hubo nadie para cobrarnos.
Queríamos haber parado en Saxhöll, un cráter que puedes ascender pero nos lo pasamos porque la península es más pequeña de lo que puede parecer a priori. Donde sí paramos fue en las playas de arena negra de Djúpalónssandur y de Dritvík. De la primera pasas a la segunda caminando en 5 minutos. En la primera te encuentras 5 piedras de levantamiento de distinto peso que antes eran 4 ( de 23kg, 54kg, 100kg y 154kg). Servían para medir la fuerza de los aspirantes a trabajar en el mar.
La segunda playa está cubierta de trozos de metal de un pesquero inglés que naufragó en 1948.
A las 13h realizamos un circuito por una Vatnshellir, tubo de lava de más de 30 metros de profundidad. No nos hizo falta reservar, como indica la Lonely. Nos costó 2500 ISK y resultó una visita interesante. La recomiendo.
Llegamos a Hellnar y aprovechamos para parar en Gestastofa, un moderno edificio con un café, el Primus, donde comimos una rica sopa de pescado (1900 ISK aprox.). Estaba muy rica pero un poco más abajo hay un café que da directamente al mar con una terraza que estaba llena y que tenía muy buena pinta. Fuimos hasta la cueva de Badstofa, llena de pájaros y decidimos hacer el camino que separa los pueblos Hellnar y Arnarstapi.
Es un paseo bonito aunque algo largo. Reanudamos el viaje en coche aunque al poco vimos la pista que lleva a Raudfeldsgjá, una grieta empinada por la que puedes entrar hasta donde estés dispuesto ya que hay un arroyo en el que no apetece mojarse los pies.
Pasada la península de Snaefellness ya no sabíamos muy bien hacia dónde dirigirnos. Finalmente decidimos ir hacia Akranes al parecernos de debía ser bonito (no lo era). Allí dormimos en el cámping que, aunque no era muy bonito y sí bastante pequeño, teníamos vistas al mar. Aquí tampoco hubo nadie para cobrarnos.
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