De Akranes nos fuimos hacia Reykjavik. Reykjavik es una ciudad que nos sorprendió bastante. El centro puede hacerse en un par de horas. En 2 días que estuvimos pasamos varias veces por las calles del Viejo Reikiavik pero siempre hay un café que se te había pasado desapercibido. Hay bastantes museos y edificios que visitar aunque a nosotros lo que nos apetecía era pasear tranquilamente por sus calles, gandulear en sus cafés y cenar bien en sus restaurantes. Todo eso lo hicimos con creces empezando por su Puerto Viejo.
En general debo decir que no hay muchas tiendas de diseño islandés que realmente nos llamaran la atención. Nos gusta comprar algo bueno de diseño para nuestro piso como recuerdo de nuestros viajes y aquí resultaba difícil por 2 motivos: no había mucho que nos gustara y lo que nos gustaba era carísimo. Lo que sí encontraréis son muchas tiendas de recuerdos para turistas, la mayoría malas y algunas más buenas.
En cuanto a los cafés, bares y restaurantes hay por todas partes y muy buenos. El sábado por la noche quisimos cenar en el restaurante Dill pero estaba completo durante los siguientes 5 días. Es imprescindible reservar con una semana. Así que finalmente cenamos en el restaurante Firkmarkadurinn que recomiendo y por fin probamos ballena.
Después pagamos 3000 IKS en un local donde había conciertos de música electrónica. Mereció la pena.
El domingo por la noche cenamos en el Sushisamba que también recomiendo de sobras. Es un restaurante japonés con un toque latino. El ceviche estaba delicioso.
Y por supuesto probamos también sus perritos calientes en el famoso Baejarins Beztu.
En cuanto a los edificios y museos nos conformamos con visitar el modernísimo Harpa, centro cultural y auditorio, con sus paneles de cristal cóncavos y convexos.
Entramos también al ayuntamiento donde puedes repasar tu viaje con el gran mapa en 3D que tienen.
Reykjavik también es famoso por sus habitantes gatunos. Dicen que son una plaga pero yo no vi muchos y los pocos que vi eran una monada, la verdad.
De Akranes nos fuimos hacia Reykjavik. Reykjavik es una ciudad que nos sorprendió bastante. El centro puede hacerse en un par de horas. En 2 días que estuvimos pasamos varias veces por las calles del Viejo Reikiavik pero siempre hay un café que se te había pasado desapercibido. Hay bastantes museos y edificios que visitar aunque a nosotros lo que nos apetecía era pasear tranquilamente por sus calles, gandulear en sus cafés y cenar bien en sus restaurantes. Todo eso lo hicimos con creces empezando por su Puerto Viejo.
En general debo decir que no hay muchas tiendas de diseño islandés que realmente nos llamaran la atención. Nos gusta comprar algo bueno de diseño para nuestro piso como recuerdo de nuestros viajes y aquí resultaba difícil por 2 motivos: no había mucho que nos gustara y lo que nos gustaba era carísimo. Lo que sí encontraréis son muchas tiendas de recuerdos para turistas, la mayoría malas y algunas más buenas.
En cuanto a los cafés, bares y restaurantes hay por todas partes y muy buenos. El sábado por la noche quisimos cenar en el restaurante Dill pero estaba completo durante los siguientes 5 días. Es imprescindible reservar con una semana. Así que finalmente cenamos en el restaurante Firkmarkadurinn que recomiendo y por fin probamos ballena.
Después pagamos 3000 IKS en un local donde había conciertos de música electrónica. Mereció la pena.
El domingo por la noche cenamos en el Sushisamba que también recomiendo de sobras. Es un restaurante japonés con un toque latino. El ceviche estaba delicioso.
En cuanto a los edificios y museos nos conformamos con visitar el modernísimo Harpa, centro cultural y auditorio, con sus paneles de cristal cóncavos y convexos.
Entramos también al ayuntamiento donde puedes repasar tu viaje con el gran mapa en 3D que tienen.
Reykjavik también es famoso por sus habitantes gatunos. Dicen que son una plaga pero yo no vi muchos y los pocos que vi eran una monada, la verdad.
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