Nos levantamos con mucho frío, estábamos a 7 grados y la lluvia nos dio los buenos días, así que por primera vez en el viaje no podíamos desayunar en el cámping en nuestra mesita y sillas. Nos fuimos a North Sailing y nos dijeron que a las 9 nos confirmarían si se salía o no. Desayunamos debajo, en la cafetería y tienda de regalos que tienen. y la verdad es que el pan au chocolat y el capuchino estaban buenísimos. Se confirmó que se haría la salida de las 9 pero no nos aseguraban que pudiéramos ver nada ya que la mañana anterior salieron con las mismas condiciones y no se avistó ninguna ballena. Esta empresa es muy seria y te asegura casi un 100 % los avistamientos durante el verano, así que decidimos que pasábamos. En otro viaje a la costa oeste ya vimos ballenas, así que tampoco era algo imprescindible. Además el mar estaba muy revuelto y llovía y hacía viento. Por no decir que la salida costaba más de 50€ por persona. Nos fuimos al museo de ballenas y resultó ser bastante interesante.
De vuelta a la carretera hacia Akuyeri. Akuyeri resultó ser bastante grande, por fin podíamos hablar de ciudad. Y tenía un centro bastante bonito con restaurantes y cafés.
A Lore se le antojó hamburguesa y yo, contenta. Encontramos la Fabbrikk, una factoría con muchos tipos de hamburguesa, todas ellas de calidad. Yo me decidí, sin ninguna duda por la de carne de cordero islandesa. Buenísima.
Después nada mejor que un buen café en el café de la Tetera azul que aparece en la foto de arriba. Bonito café pero sin wifi.
Después de estas dosis ya excesivas de urbanismo, volvimos a la carretera. Tocaba bordear la península de Tröllaskagi hasta llegar a Siglufjiördur.
En el camino nos sorprendieron varias cosas. La primera fue una catarata que daba directamente al mar. Islandia es el país de las cataratas, aunque claro, también es el país de los volcanes, de las ovejas, de las ovejas que se te cruzan en la carretera...
En Siglufjiördur disfrutamos viendo cómo descargaban el pescado, quedamos maravillados del fantástico museo del arenque que tienen.
El museo de arenque es una preciosidad, no me extraña que haya ganado premios. Esta era una visita que yo tenía muy clara ya que soy una gran aficionada al arenque. He de decir que pensaba que lo comería más pero en realidad solo lo comí porque compramos en el museo.
Seguimos por la preciosa carretera 77 con unas vistas de película. Paramos en Hofsús para ver el cámping pero no es bonito. Así que seguimos hasta Varmahlid. Allí el cámping es bonito, con buenos servicios y un propietario muy amable. Nos encantó el ambiente.
De vuelta a la carretera hacia Akuyeri. Akuyeri resultó ser bastante grande, por fin podíamos hablar de ciudad. Y tenía un centro bastante bonito con restaurantes y cafés.
A Lore se le antojó hamburguesa y yo, contenta. Encontramos la Fabbrikk, una factoría con muchos tipos de hamburguesa, todas ellas de calidad. Yo me decidí, sin ninguna duda por la de carne de cordero islandesa. Buenísima.
Después nada mejor que un buen café en el café de la Tetera azul que aparece en la foto de arriba. Bonito café pero sin wifi.
Después de estas dosis ya excesivas de urbanismo, volvimos a la carretera. Tocaba bordear la península de Tröllaskagi hasta llegar a Siglufjiördur.
En el camino nos sorprendieron varias cosas. La primera fue una catarata que daba directamente al mar. Islandia es el país de las cataratas, aunque claro, también es el país de los volcanes, de las ovejas, de las ovejas que se te cruzan en la carretera...
En Siglufjiördur disfrutamos viendo cómo descargaban el pescado, quedamos maravillados del fantástico museo del arenque que tienen.
El museo de arenque es una preciosidad, no me extraña que haya ganado premios. Esta era una visita que yo tenía muy clara ya que soy una gran aficionada al arenque. He de decir que pensaba que lo comería más pero en realidad solo lo comí porque compramos en el museo.
Seguimos por la preciosa carretera 77 con unas vistas de película. Paramos en Hofsús para ver el cámping pero no es bonito. Así que seguimos hasta Varmahlid. Allí el cámping es bonito, con buenos servicios y un propietario muy amable. Nos encantó el ambiente.
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