miércoles, 20 de agosto de 2014

Día 7 (lago Myvatn-Husavik): Dimmuborgir, Husavik

Desayuno en el cámping disfrutando de un momento maravilloso de sol. Empezamos el día visitando los seudocráteres.



No estuvimos mucho tiempo porque tampoco nos impresionó mucho y llovía, hacía viento y frío. Decidimos, pues, buscar un buen café. 
Después fuimos a Dimmuborgir, los “castillos oscuros”. Es un lugar también impresionante con formaciones muy peculiares. Puedes elegir entre varias rutas, nosotros nos decidimos por el círculo de la iglesia, de 2,3 km. 


Como se nos hizo la hora de comer y el día estaba regular, llovía a ratos, aprovechamos el Kaffi Borgir que es el café que está en la entrada de Dimmuborgir. Ofrecía un bufet libre de sopas por 1800 coronas por persona. Hasta entonces habíamos comido siempre al mediodía al aire libre, con lo que unas sopitas nos vendrían de maravilla. Y así fue, estaban deliciosas, sobre todo, la de espárragos. Pensad que cuando pides un plato tienes también pan con mantequilla y agua fresca, por lo tanto, pagas un plato y ya comes. 

Antes de irnos hacia Husavik, ascendimos al Hverfell. Espectacular, lo recomiendo encarecidamente. Una vez has subido, puedes dar la vuelta a todo el cráter en una caminata de una hora, alrededor. Es casi místico porque estás prácticamente solo, con la única compañía del sonido del viento. 


Después ya era hora de encaminarse hacia Husavik. Llegamos a Husavik con una lluvia y un frío desalentadores. Antes de entrar, paramos en un cámping para aprovisionarnos un poco. Fuimos directos al cámping que hay dentro de la ciudad pero era feo y casi sin servicios. Buscábamos una sala común en la que poder cocinar y pasar un rato agradable y de eso no había ni rastro. Así que, como era temprano, nos aventuramos a buscar un segundo cámping que se encontraba a unos 20 km de la ciudad. Antes de irnos, y aprovechando que había parado de llover, fuimos a la empresa North Sailing para contratar la excursión para ver ballenas aunque no teníamos claro si iba a ser posible por el tiempo. Al llegar, nuestras sospechas se confirmaron, durante el día se habían anulado las salidas por el estado del mar, y no era seguro que al día siguiente se reanudaran. Si no podíamos salir con el barco a avistar ballenas, iríamos al museo que el edificio blanco.


Nos tomamos una caña en el restaurante propiedad de la misma empresa para organizar un poco los días siguientes y nos fuimos hacia el otro cámping. Este era distinto a los que habíamos visto hasta el momento. Era un 5 estrellas familiar con piscina. Las salas comunes eran de pago y estaban llenas de gente. No tenía sala para poder cocinar y estar tranquilamente sino restaurante. Como al día siguiente teníamos que estar antes de las 9 en North Sailing, nos decidimos por el primer cámping. Total, ya solo buscábamos dormir. Hay que decir que seguía lloviendo sin parar. 

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